Hoy todo me
parece irracional. Imágenes aburridas que se mezclan y,
en sesión continua, muestran la película de un mono que busca cruces
que adorar y altares que eregir. El apocalipsis de la idea en el edén
de la ironía, y los corderos que se comen al lobo mientras el pastor ahúlla
en un orgasmo de inquietudes.
en sesión continua, muestran la película de un mono que busca cruces
que adorar y altares que eregir. El apocalipsis de la idea en el edén
de la ironía, y los corderos que se comen al lobo mientras el pastor ahúlla
en un orgasmo de inquietudes.
La entrada al espectáculo es barata, asequible al bolsillo de lo absurdo.
La proyección llegó a su fín. Cae el telón sobre la nuca de la fe. Dios
murió en Irak, en Somalia,... de hambre, de frío, y sepultado yace ya
bajo los ripios de un cielo que nunca fué del hombre, mas nadie le llora,
pues se secaron los ojos, se secaron dejando a la vista dos cuencas
de sarna y de olvido.
Y en estas imágenes que se mezclan y recitan -en lenguas que
nadie reza- mentiras que un día fueron la mayor verdad, aparece,
arrastrándose, desnuda y desnutrida, la razón de un mundo que le dió
la espalda a sus principios.
Los ángeles se arrancan las alas, el cielo se húnde en los abismos
de su propia condición.
Nadie está a salvo de sí mismo. Nadie.
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