La
ciudad se alarga ante mis ojos. Cansada de coches y ruídos,
pensativa y noble como una mentira -con la lealtad que se merece la
verdad-, se desviste de luz.
Es
la noche, la noche y su milagro, la que abraza cada calle, cada
esquina,
cada
sueño... la noche y su impaciencia.
Y
tú duermes, a sabiendas de que el tiempo no ha de cruzarte
nuevamente
en mi camino.
La
ciudad se alarga, la ciudad de mi ahora y de mi entonces,
y
tú no estás aquí para ignorarlo.
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