jueves, 5 de septiembre de 2013

QUIÉN

 




El amor: vieja moneda
que hace rico a quien la aprecia
y pobre al que se la queda.
El amor… la misma fruta
que amarga a quien la desprecia
y endulza al la disfruta.

¿Qué ha de exigirle a la vida
quien drenó amor de la belleza
para verterlo en la herida
que no cierran la promesas,
que no sangra ni respira
sin la pasión con que besa,
sin la verdad con que mira?

¿Quien, a sorbos de caricia,
no degustó la delicia
del sentimiento más puro?
¿Quién, naufrago de esperanzas,
afincado en la añoranza,
no se forjó en un futuro
de fantasías hermosas?
¿Quién no soportó la losa
del desamor más oscuro?

¿Quién, dí, flor que te deshojas,
no calló como una hoja
en su otoño de impaciencia?
¿Quién, de amarse mano a mano,
no se quemó en su verano
de sudores y demencia?

¿Quién no gritó en su apetito:
te amo, te necesito…
Qué hago para que me quieras?
¿Quién, extasiado en ternura,
no dio alas de locura
a su instinto, a su ceguera,
a sus ganas de perderse
sobre un cuerpo y beberse
su invierno y su primavera?

Y es que el amante no entiende
que el torpe amor no comprende
la soledad del que ama,
porque la hoguera se prende,
porque las ascuas se encienden
aunque se apague la llama.

Y es que el amante se olvida
de que el amor en la vida
es viento dócil que arrecia
...de que el amor es la fruta
que endulza a quien la disfruta
y amarga a quien la desprecia.

El amor,
desgastada moneda,
que tan rico hace a quien la aprecia
y tan pobre al que se la queda.

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