LA PALOMA
A la eterna memoria
de la niña Elena Moral Vílchez.
Mar,
un ángel regresó al cielo
llevándose en sus ojos el color de tu agua en calma.
Mar... se llevó tu alma,
se llevó tu alma en su mirar,
y fue su vuelo dulce, sin dolor,
a la medida de su risa.
Se fue su voz,
y ya no tararea la brisa su canción más hermosa.
A prisa despetaló la rosa
-el tiempo en que una lágrima asoma
...tan preciosa,
tan blanca y preciosa se alzó la paloma.
Mar,
pregunta a ese fondo que te porta
porqué ha de llegar a ser
la suerte tan amarga,
la muerte tan larga y la vida tan corta.
Que ya son tan distintas las mañanas
para esa gente que echa de menos su ternura,
para esos tios que de verdad la necesitan,
que la adoraban con devoción linda y pura.
Para ese hermano que se quedó sin hermanita.
Para ese Abuelo que la amaba hasta el derroche,
que veía en su carita lo más bello de este mundo,
que observó en su luz hacerse tan de noche.
Que recuerda su mirar cada segundo.
Para esa Abuela
que siempre brinda el alma sin poner la mano,
a la que no le quedan lágrimas ni calma
-jamás vi más bondad en un humano-.
Porque nunca serán iguales las mañanas
para ese Padre tan generoso, tan bueno,
que a la cama la llevaba entre sus brazos
...No existe piedad de este mundo o del ajeno
que iguale tanta entrega hecha pedazos.
¿Y para esa Madre? ¿le queda al sol
suficiente dignidad de amanecer omnipotente
sin inclinarse a tanto amor?
¿será decente en su calor y en su verdad ensimismada,
si a cada instante, sin fallo,
no brinda cada brillo de su rayo
a esa mujer tan fuerte y entregada?
A esa madre que echa tan en falta a su chiquilla,
que tiene a ese gran hombre por esposo,
que ostenta ese tesoro por familia
y ese hijo tan radiante y tan gracioso.
Para ella,
por más que sean tan distintas las mañanas,
aunque la pena y el recuerdo peinen canas
y el mar no recupere su color,
pido fuerzas,
y a ese dios injusto exijo
se las brinde inmensas de favor,
para volver a ser feliz por ese hijo
-bendita criatura que os bendijo-
nacido a esencia y forma del amor.
Para volver a ser felices
en la ilusión y en la verdad.
Porque aún teneis mucho por qué vivir.
Porque aún teneis mucho por qué soñar.
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